CUENCAME DE CENICEROS
DURANGO
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Leyendas y Relatos
EL ARMON DE LA VIA
 
   Se cuenta que en Cuencamé, Dgo., y en sus alrededores que en el mes de Junio de 1954 venía un armón por la vía de Torreón a Durango, dicho armón venía cargado con muchos trabajadores
   El viaje había transcurrido en aparente calma, sin contratiempos, pero a la altura del poblado de Pasaje, Dgo., comenzó a llover muy fuerte y el lodo del camino llegó hasta la vía, provocando que el armón se volcara ocasionando la muerte de los trabajadores, quedando solo una persona viva pero inconsciente. Después de un tiempo volvió en sí y adolorido y sintiéndose enfermo, trató de levantarse, entonces se percató que estaba bañado en sangre y que le faltaba un pie. Gritaba y lloraba este desdichado hombre buscando su pie entre los fierros retorcidos, sufriendo un dolor intenso que calaba hasta los huesos, sintiendo la muerte en sus gritos doloridos y mirando un panorama de sombras y compañeros ya sin vida.
   Se dice que el pobre hombre se arrastró buscando su pie y se metía entre los montículos de lodo sin encontrarlo. Como tardaron mucho en auxiliar a estos desafortunados hombres, también el pobre hombre murió.
   Con el paso del tiempo, la gente que vive en Pasaje, dice que cada vez que se cumple un año de aquella tragedia llueve mucho, como aquel día y que se oye el ruido del armón que pasa y se ve una luz de color azul muy intensa que corre por la vía.
   Algunas personas han olvidado aquella tragedia, pero la vuelven a recordar cada año
con el ruido del armón, la luz azul y la intensa lluvia que cae.                                                                   
 
EL CABALLO BLANCO Y SU JINETE.
 
 
   Cuencamé es una población de leyendas y tradiciones, la gente es muy religiosa y al igual que en muchas partes de nuestro país se celebran entre las familias bautismos, cumpleaños, bodas, etc.
   La historia que a continuación se narra sucedió precisamente en una de estas ocasiones: en la celebración de una fiesta de quince años.
   En el año de 1979 precisamente el día 26 de Julio, en un lugar llamado Santa Cruz de la Cuchilla, que es una población cercana a Cuencamé, Dgo., se encontraba reunida la familia Valadéz, celebrando los quince años de su hija Ana María.
   Todo transcurría normalmente, la fiesta estaba en su apogeo, los invitados disfrutaban de la comida y del ambiente de alegría que se sentía en dicha celebración y como la mayoría de estos festejos se acostumbraba a realizarlos de noche. Sucede que por esos lugares las casas de aquel tiempo, no contaban con un sanitario y la gente acudía al campo abierto a hacer sus necesidades y esto fue lo que le ocurrió a la festejada de aquella noche.
   Tuvo que salir a hacer sus necesidades y para no alejarse mucho del lugar, como era de noche, decidió ir al rincón de un corral de piedra que había en la casa. Ya después de haber terminado de hacer sus necesidades y decidida a volver a la fiesta a disfrutar su cumpleaños, Ana María no supo de donde le salió un caballo blanco con un jinete montado. No podía ser posible que algún extraño se hubiera metido al corral con todo y caballo, y por si esto fuera poco el jinete se acercaba más y más a ella.
   El era muy apuesto y su traje brillaba mucho, ella se encontraba deslumbrada por la extraordinaria visión, ya no sentía miedo, sino curiosidad por saber de quien se trataba y de donde había salido. Con la luz de la luna brillaba más y más la vestidura del hombre, cuando por fin estuvo cerca de ella, quiso tocarlo, pero al momento de acercar su mano a el, no tocó nada y lo mismo pasó con el caballo.
   Ana María se asustó tanto al sentir el vacío, la nada, al contacto con su mano, que salió corriendo, huyendo despavorida, cuando llegó con sus padres y les platicó lo sucedido algunos hombres que se encontraban en la fiesta acompañaron al padre de Ana María, a verificar de qué se trataba, pero no vieron a nadie.
  Posteriormente, algunas personas del lugar han visto al extraño jinete montado en un caballo blanco.
 
EL CRISTO QUE LLORA
 
 
   En la Iglesia de San Antonio de Padua de el poblado de Cuencamé, Dgo., aparte del señor San Antonio se venera la imagen del Señor de Mapimí , en torno a esta imagen la gente del pueblo a contado muchas leyendas, se dice entre otras que el santo Cristo ha querido por voluntad propia permanecer en este templo, y que muchos han sido los intentos de la gente de Mapimí por querer llevárselo a su tierra de origen, pero que la venerada imagen por extrañas razones no ha querido irse y que cada vez que intentan llevársela sucede algo extraño.
   Pero eso no es todo, sino que, el Cristo en repetidas ocasiones ha llorado, y no precisamente cuando han querido llevárselo, sino cuando alguna desgracia sucederá en esa población.
   En una ocasión al Cristo le salió una lagrima, la gente que entraba al templo se sorprendía al ver el extraño suceso, más de una persona lo vio. Nadie sabía porque el Cristo estaba triste, pero fue unos días después cuando la gente se explicó la razón de esa pena.
   Todo esto sucedió aproximadamente a finales de los años ochenta.
   A los pocos días de que el Cristo lloró, por el libramiento transitaba un camión a alta velocidad, sin frenos, y por la calle principal de esta localidad entró sin poder detenerse, el chofer no podía controlarlo y se vino a estrellar por esa calle hasta casi llegar a la plaza. Destruyó muchos puestos donde se vendía comida y se precipitó contra uno de ellos, atropellando carros estacionados y gentes, en dicho accidente murieron muchas personas.
   Los habitantes de esta comunidad recuerdan con tristeza estos hechos, pero sobre todo dicen que antes de que suceda una desgracia en Cuencamé, la venerada imagen del Señor de Mapimí, refleja una enorme tristeza llegando al grado de que en sus ojos haya lagrimas, porque esto ha sucedido en varias ocasiones.
 
EL HOMBRE DE LA CARRETERA
 
 
Se cuenta entre las personas que viajan muy seguido por el tramo Cuencamé- Yerbaníz, que por las noches hay un señor que pide raid y después desaparece.
   En una ocasión venía de Durango a Cuencamé una persona de este lugar, cuando pasando Yerbaníz se le apareció este hombre que le pidió raid. El conductor del automóvil, no hizo caso del hombre y siguió conduciendo hasta que lo pasó.
   Pero cuando vio por el espejo retrovisor quedó asombrado de lo que sus ojos veían, pues el hombre de la carretera venía sentado en el asiento trasero del auto. El chofer siguió conduciendo normalmente pues estaba asustadísimo y sentía temor de detenerse. Durante el trayecto ninguno de los dos hombres hablaba y el chofer del auto no sabía donde debía bajarlo, solamente de vez en cuando miraba por el espejo para asegurarse de no estar viendo visiones. Pero un frío enorme le recorría la espalda del miedo que sentía. Ya muy cerca de Cuencamé hay unas curvas y cuando pasaron este lugar el hombre miró nuevamente por el espejo para ver si todavía venía el pasajero, pero este había desaparecido tan misteriosamente como apareció.. Entonces el señor del carro al llegar a su casa en Cuencamé les platicó a sus familiares lo que había ocurrido y ellos le dijeron que ya hacía mucho tiempo que el hombre de la carretera se aparecía en ese tramo para pedir raid . Se dice que es un alma en pena que no encuentra un descanso y que por la eternidad seguirá vagando ahí en ese lugar. Muchas personas ya lo han visto e incluso lo han tenido de pasajero.
 
 
 
EL HOMBRE QUE SE CONVIERTE EN PAJARO
 
 
   En esta población de Cuencamé, Dgo., hace muchos años sucedió una historia sorprendente, se trataba de una familia que estaba de luto por la muerte de un familiar, eran las fiestas patronales de la población y había un baile, la hija de eso señores de la familia mencionada, deseaba acudir al baile pero por el luto de sus padres no la dejaban. Ella los desobedeció y acudió al baile a escondidas.
   Cuando llegó al baile un apuesto joven la sacó a bailar y pasaron toda la noche disfrutando de la fiesta; el joven se había enamorado de ella y ella de el.
   El la pidió posteriormente en matrimonio y se efectuó la boda. Fue una ceremonia sencilla, solo por el civil y sin invitados.
   Después de que se casaron el joven asistía a su casa de 12:00 p.m. a 3:00 a.m., hecho que causo extrañeza en la mamá de la joven. Y se puso a expiarlo.
   En una ocasión de madrugada cuando el joven salió de la casa extendió los brazos y se convirtió en un enorme pájaro que desapareció en la distancia. Como la señora, mamá de la joven, se asusto mucho, al día siguiente fue a la iglesia y le contó todo al sacerdote. El Padre le sugirió que pusiera velas y palmas benditas y que hiciera en el patio de la casa un pozo de tres metros de profundidad y que pusiera un bote con agua bendita dentro del pozo.
   La señora hizo todo esto al atardecer, a escondidas de su hija y le pidió a ella que se fuera a quedar a su casa (de la mamá) porque ella iba a salir y regresaría al día siguiente.
   Cuando el yerno llegó a la casa y entró y vio las velas, inmediatamente hizo el intento de salir pero la señora cerró la puerta. En eso el joven se convirtió en pájaro y después en otros muchos animales, pero no pudo salir y cuando estaba convertido en una lagartija se arrastró y por una hendidura de la puerta salió al patio pero inmediatamente cayó al pozo, en el bote de agua bendita; la señora aprovechó esto y tapó el bote, lo sacó y lo llevó con el padre. Este lo ocultó y no sabe donde quedó el bote con el animal encerrado. Se dice que era un demonio y que ahora esta oculto.
   Muchas son las personas que en Cuencamé, cuentan estos sucesos extraños y horribles cuando encerraron al animal, la joven hija de la señora, murió y su santa madre rezó el resto de su vida por el eterno descanso del alma de su hija.
 
EL MONTON DE PIEDRAS
 
   En el año de 1980 en Cuencamé, Dgo., como en muchos lugares tanto el estado de Durango, como del país, algunas veces miembros del ejercito visitaban las comunidades para hacer su trabajo.
   En ese año precisamente, Cuencamé recibió la visita de los militares. En la calle Severino Ceniceros de este lugar había una casa, en la que vivía una señora embarazada. Desafortunadamente estos señores no siempre llegaban a las comunidades de una manera agradable, ni con el mejor trato para los habitantes de los lugares que visitan. Y esta fue en aquella ocasión la manera en que llegaron dichos soldados. Entraron al lugar de manera violenta y, como era de esperarse la gente empezó a correr por las calles del lugar. La citada señora se encontraba en esa misma calle pero no afuera de su casa, sino cerca de ahí. Cuentan que la gente gritaba que ahí venían los soldados y toda la gente corría a esconderse, la señora por el estado en que se encontraba, lógicamente no pudo correr y solo alcanzó a llegar afuera de su casa, pero no logró esconderse y los soldados la agarraron, pero fueron muy crueles con ella. Se dice que la enterraron viva cerca de aquella casa; y pusieron un montón de piedras en el lugar donde la sepultaron.
   Con el paso del tiempo la gente platica que quien pasara por ahí, debería aventar una piedra porque si no lo hacían no lograría pasar porque el alma en pena de la mujer se asustaba. Este fue un hecho que la gente del lugar aún recuerda.
 
 
 
 
EL SEÑOR DE MAPIMI
(fragmento de distintas versiones)
 
   En torno a tan legendaria efigie, se han entretejido leyendas y milagros, sobre todo por las gentes que año con año viajan en carretas desde las diferentes rancherías hasta Cuencamé, para celebrar las fiestas religiosas con motivo del aniversario del hallazgo de tan venerada imagen, y a continuación se relatan algunas que casi rayan en la fantasía:
“ ...eran dos comadres que durante el viaje a Cuencamé, riñeron por cuestiones baladíes, en castigo por su mal comportamiento, fueron convertidas en piedras, esas piedras están a la salida del citado cañón de San Diego, ya casi para llegar a la cureña”...fueron relatadas por el matrimonio formado por Don José Luna y la Sra. María Rodríguez de Juan Eugenio, Coah.
   Cuenta el señor José Martínez Cardona de Picardías, Dgo., que un señor de la Ventana de apellido Hernández, al pasar por un paraje vio mucha leña seca, quiso aprovechar la ocasión sacrificando el no asistir a la fiesta del Señor de Mapimí.
   --“ Mira vieja, tu vete con mi suegro en su carro, no quiero ir a perder el tiempo a Cuencamé , mejor me pongo a juntar leña y de allá para acá nos vemos junto al rancho; así lo hicieron, cuando entusiasmado juntaba leña, su carro empezó a arder y no pudo apagar la quemazón.” (1). Se dice que fue un castigo por no asistir a venerar al Señor de Mapimí.
   “ Acreditado por el común de la gente que cuando trasladaron a esta sagrada imagen a la Parroquia de Cuencamé, llevándola en carro y sus tiros de mulas, no pudieron por mas fuerza que hicieron las mulas y las gentes mover el carro, hasta que prometieron los de este país “Mapimí “ fundarle templo y los de Cuencamé volverlo a su país, y a su templo nuevamente fundado el que hasta el día no se ha verificado.” (2)
   “Cuentan también que en la época de la revolución hubo varios individuos que tenían la costumbre de profanar los templos, uno de esos tuvo la osadía de meterse al templo donde se encuentra la imagen del Señor de Mapimí, en determinado momento jaló las riendas de su caballo parándose este de manos, resbaló y cayó hacía atrás aplastando el cuerpo del revolucionario, castigo del Señor”... (3).
   Se dice también que por el cañón de Jimulco, que la persona que se atrevió a cortar el tronco ya seco del mezquite donde reposaba el Santo Cristo de Mapimí, por el lugar llamado Jimulquillo, hubo de lamentar una desgracia en su familia. (4).
 
 
(1)   Simón Morones/ Anacleto Hernández.- HISTORIA DEL SEÑOR DE MAPIMI.
(2)   DESCRIPCIÓN TOPOGRÁFICA DE LA VILLA REAL DE SANTIAGO DE MAPIMI” Vallebueno G. Miguel. Revista Transición.
(3)   Martínez García Roberto.-SANTA ANA DE LOS HORNOS Y LA FLOR DE JIMULCO. EDICIONES CARDENCHE. P.233.
(4)   Simón Morones/ Anacleto Hernández.- HISTORIA DEL SEÑOR DE MAPIMI.
 
LA APARICION
 
 
Hace algunos años en el mes de Diciembre, por la calle pípila de Cuencamé, Dgo., una tía de Ana Elsa Moreno iba pasando por un callejón, eran aproximadamente las doce de la noche, en esa ocasión , ella se dirigía apresurada por una medicina a casa de una amiga que vivía cerca de su casa, de pronto vio una luz muy intensa, pero tal vez por miedo o por no desviarse del camino por la prisa que llevaba, hizo caso omiso de esta luz y siguió su camino hasta la casa de su amiga. Recogió el medicamento y regreso a su casa. En el trayecto de regreso, por esa misma calle, se le cayo una moneda ella empezó a buscarla pero no la encontraba.
   Al entretenerse en la búsqueda, nuevamente la luz apareció pero ahora reflejándose en su cara; era la segunda ocasión que veía esa luz; a diferencia de la primera vez, ahora si la señora le prestó atención y volteó a ver de donde provenía, pero hubo algo que la sorprendió bastante, que la dejó pasmada e inmóvil.
   Ella veía la forma de un niño, el niño se encontraba sentado en una silla pero como que estaba suspendido en el aire y su cuerpo despedía esa intensa luz. De pronto, el niño llamó por su nombre a la señora y le pedía que se acercara; al momento que ya lo iba a hacer desapareció la imagen.
   La señora platico de esto a sus familiares lo ocurrido y analizando tanto la imagen como la vestidura que llevaba el niño, llegó a la conclusión que se trataba del Santo Niño de Atocha.
 
LA CRUZ DE LA LOMA
 
 
La historia que a continuación se narra, ocurrió hace muchos años en Cuencamé, Dgo.,
Antes de la época de la Revolución mexicana, en tiempos de los hacendados.
Había un hacendado en este lugar muy rico, éste tenía una hija de aproximadamente 18 años, de nombre María Fernanda, joven muy hermosa, la piel blanca cabello largo e intensamente negro, de cuerpo delgado y hermoso. María, como le llamaba su padre, se había enamorado de un campesino llamado Juan, joven amable guapo y muy querido por la gente de aquel lugar. El único defecto que Juan tenía, si es que se le puede llamar “defecto”, era el ser hijo de un campesino; Juan también correspondía al amor de María Fernanda. Todas las tarde Juan Y María Fernanda se reunían cerca de la casa de ella para expresarse su amor, que día con día se hacía más y más grande.
Una tarde en que los enamorados se encontraban reunidos en el lugar de siempre, fueron sorprendidos por el padre de ella, que estaba furioso por el hecho de que el hijo de un campesino hubiese puesto sus ojos en su hija, a lo cual él se oponía terminantemente y así se los hizo saber a ellos. Le prohibió volver a encontrarse, decisión en la cual no estuvieron de acuerdo Juan y María, pero nada pudieron hacer, solamente seguir viéndose a escondidas.
Como el papá de María se dio cuenta de que ellos seguían con sus citas, decidió espiar a Juan y cuando iba a encontrarse con María y cuando llegó al lugar, se plantó con una reata en la mano; todo esto lo observaba María con gran temor. Entonces el hombre se apresuró a golpear a Juan con la reata, sin darle oportunidad de defenderse y diciéndole que le iba a costar la vida el hecho de haberlo desobedecido. María asustadísima sólo lloraba, pero el papá la corrió de su casa amenazándola.
Juan desmayado por los golpes recibidos, yacía tirado en el suelo, ocasión que aprovechó el hacendado para atarlo a su caballo y arrastrarlo hacia las afueras del pueblo. Cuando ya estuvo en despoblado lo mató. Lo que no se imaginó es que su hija lo había seguido. María nunca perdonaría a su padre lo que había hecho.
Bañada en lágrimas, ella misma lo enterró ahí mismo, en la loma donde su padre lo había matado y le puso una cruz de piedra.
Se dice que María murió de tristeza sin haber perdonado a su padre y que el señor recibió un castigo con el desprecio de su hija y de la gente del pueblo.
Después de mucho tiempo, cuando ya los dos: María Fernanda y su padre habían muerto, las personas que pasaban por el lugar donde está la cruz de piedra, escuchaban tropeles de caballos, lamentos y el llanto de una mujer.
Se cuenta que aún se escuchan...
LA MARRANA DE LA CALLE PÍPILA
 
 En la calle pípila, en Cuencamé,Dgo., desde el año de 1985 aproximadamente, se aparece algo extraño.
   Según cuenta la leyenda, en ese tiempo en esa misma calle vivían dos señoras que como muchas de esa época a diario madrugaban para ir al molino a llevar el nixtamal para hacer tortillas a mano.
   Un día se levantaron como de costumbre a las cinco de la mañana, lavaron el nixtamal y caminaron hacia el molino, pero al dar la vuelta en una esquina, ya casi para llegar al molino, vieron un bulto negro muy extraño, pensaron que a lo mejor se trataba de una bolsa de basura que alguien había dejado ahí tirada. Sin tomarle importancia siguieron caminando e iban acompañadas por un perro muy bravo, propiedad de una de ellas, el perro al ver el bulto se puso a aullar, hecho que a las señoras se les hizo extraño y la insistencia del perro, porque si hubiera sido solamente basura el perro no aullaría.
   Ante tal suceso, las señoras se regresaron a la esquina para ver de que se trataba, pero quedaron completamente sorprendidas de lo que sus ojos veían: se trataba de una marrana negra, muy extraña, con ojos enormes y colorados y tenía unas cadenas las cuales arrastraban al moverse, el ruido producido era horrible y estremecedor .
   Las mujeres asustadas por lo que veían, corrieron despavoridas.
   Se dice que desde entonces todas las noches la marrana se aparece en la calle pípila y camina arrastrando las cadenas haciendo un ruido infernal y se desaparece en un callejón que se encuentra en el barrio de “Los Pirules” que esta también ahí en Cuencamé, Dgo.
   Hay mucha gente que ha visto a la marrana o algunos solamente la han escuchado, pero mucha gente ha dado testimonio de este extraño suceso.
 
LA MONITA DE BLANCO
 
En el año de 1972 en la casa de la familia Sáenz López, entre las calles de Severino Ceniceros, Calixto Contreras y Aldama, aparentemente abarcaba la mitad de una cuadra y donde vivía una familia muy agradable y feliz. En esa casa se encontraban cosas muy agradables y hermosas como un jardín muy grande donde había muchos árboles frutales, como higueras, granados, etc., pero también en esa casa había algo misterioso. En una ocasión un lunes toda la familia estaba reunida en el comedor, era la hora de la comida, como las 2 de la tarde, todos charlaban amenamente cuando de pronto vieron pasar a alguien con un vestido blanco.
   Era una niña pero nadie la conocía y doña Carmela pensó que era una amiguita de sus hijas que venía a visitarlas, pero la niña pasó sin decir nada y doña Carmela fue enseguida a buscarla, pero no encontró a nadie, hasta llegar al jardín sucedió algo extraño, era una niña de algunos nueve años con el pelo corto. Nadie comentó nada al respecto, todos los días pasaba por el pasillo de la cocina hasta el jardín tal y como lo había hecho el primer día. Los habitantes de la casa se fueron acostumbrando poco a poco a sus apariciones, pero ya no les daba miedo. Incluso le pusieron “La Monita de Blanco”, y así pasó esto durante diez años.
   Durante este tiempo los niños que vivían en la casa jugaban con ella hasta el ochenta y dos cuando la casa se remodeló. Pero en una de las partes en que se dividió aún viven las mismas personas y dicen que desde entonces no se ha vuelto a aparecer.
   Lo que nunca se explicaron fue porque se aparecía en el día y no en la noche, y que pasó con ella, porqué no volvió a aparecer después de la remodelación de aquella casa.
 
LA MUJER DE BLANCO Y SU HIJO
 
   En el año de 1995 en las calles de Bruno Martínez, Rayón y Zaragoza, se aparece una mujer vestida de blanco con una vela prendida.
   La gente de ese lugar en Cuencamé, Dgo., que la ha visto. Dice que es un espíritu bueno o que tal vez anda en pena porque no puede descansar en paz.
   Ella siempre se aparece, los días domingos, a las dos de la mañana. La señora Lucina, vecina de estas calles dice que ya la ha visto en repetidas ocasiones, y que en la esquina de su casa ahí se aparece y viene caminando y se mete en casa de una señora de nombre doña Vitorica.
   Doña Vitórica dice que la mujer se mete a su cuarto y se pone a rezar y que cuando acaba de rezar se va, entonces ella sigue su camino y se inca en la otra esquina y vuelve a rezar otro rosario, y apaga la vela.
   A los quince minutos la vuelve a prender y se va por la calle Zaragoza y va tirando tierra, hasta que llega al panteón y se mete; pero no abre la puerta, sino que la traspasa y se para enfrente del descanso y vuelve a rezar.
   Después se dirige a una tumba y llora mucho, ahí deja la vela prendida, se quita el rebozo que le cubre la cabeza y después regresa nuevamente al descanso y desaparece en la puerta del panteón.
   Se dice que la tumba que visita es de su hijo que esta muerto.
  Cuenta la historia que ella murió primero que su hijo, y que se siente culpable por la muerte de él, porque su hijo le pedía que lo llevara con ella; y ella después de la muerte se lo concedió. El muchacho le pedía que nunca dejara de visitarlo aunque fuera en el panteón.
   Esta es la causa de las visitas nocturnas de la mujer de blanco a la tumba de su hijo.
 
LA MUJER DE LA CAZUELA DE ORO
 
   Se cuenta que cuando la Revolución Mexicana había terminado, en un lugar que se encuentra en el camino al Ojo Seco, pueblito que pertenece al municipio de Cuencamé, Dgo., sucedió un hecho que dejó sorprendida a la gente de los alrededores del lugar.
   Se dice que dos señores transitaban por un lugar que se conoce como el patio del jaboncillo, en el camino que ya se mencionó; pero no habían ido por casualidad, sino porque se decía que ahí se aparecía una mujer. Llevaban consigo una oración de la Virgen de Guadalupe y unos cerillos. Cuando vieron aparecer a la mujer, con el susto a uno de ellos se le cayó la caja de cerillos, y no se acordaron de rezar la oración... La mujer era de cuerpo hermoso, con el pelo largo y el vestido blanco y vaporoso. Cuando ella vio a los dos hombres les enseñó una enorme cazuela de oro que llevaba en las manos.
   Ellos trataron de aproximarse pero al verla de cerca huyeron despavoridos, porque ella tenía un rostro horripilante.
   Se dice que del susto, por el camino ellos murieron y no se volvió a saber nada de ellos hasta cuatro semanas después que encontraron sus cuerpos.
   Nunca nadie más se ha atrevido a buscar a la mujer de la cazuela de oro por el camino al Ojo Seco.
LAS MONJAS QUE QUEDARON ENTERRADAS
 
 
   La señora María Luisa González Castro, platica que corrían los años finales de la revolución mexicana y llegaban los revolucionarios a Pasaje, Dgo. en esta misma época, por los conflictos en el país, un grupo de monjas se había refugiado en la iglesia de Pasaje; las monjas le temían a los revolucionarios porque saqueaban y abusaban d e ellas o les hacían daño.
   Se dice que en los poblados de Cuencamé y Pasaje existía un túnel subterráneo y ellas lo utilizaban para esconderse cuando había enfrentamientos o llegaban los revolucionarios. Ahí en el túnel de Pasaje, ellas tenían sus dormitorios y de día salían a realizar sus labores cotidianas, después, cuando se estaba haciendo de noche, se metían al túnel a dormir y no salían hasta el día siguiente.
   Un día llegaron los revolucionarios a Pasaje y cuando ellas se dieron cuenta, ellas inmediatamente se encerraron en el subterráneo, pero nunca imaginaron que alguien taparía la entrada y salida del túnel. Las monjas quedaron encerradas en el túnel y se piensa que ahí se encuentran sus restos, seguramente murieron por falta de oxigeno, de hambre y de sed. Nadie se dio cuenta de esto en aquellos momentos todo era confusión y caos por los enfrentamientos que se estaban efectuando ahí.
   Con el paso de los años, el señor José Ángel González y otros amigos que se reunían en la plaza por las noches, platicaban que en ese lugar se oían cantos y rezos que provenían de la iglesia. Como en ese tiempo la iglesia se mantenía abierta hasta muy entrada la noche, estas personas se acercaron a ver quienes cantaban y rezaban, pero adentro se encontraba todo oscuro. Al penetrar al recinto todo lo envolvía el silencio y al encender un cerillo, la tenue luz no permitía ver a nadie, no había nadie.
   Al salir del santo lugar, después de un rato, se escuchaba el rumor del rezo y del canto.
   Nadie sabe de que se trata. Pero algunas señoras que van a hacer el aseo del templo nunca van solas, siempre acuden acompañadas, pues dicen que tienen miedo porque las asustan.
   Nunca se supo que pasó con las monjas, ni se han encontrado sus restos, pero en Pasaje, Dgo., mucha gente recuerda estos acontecimientos y aún se escuchan los ruidos que ya mencionamos.
LA MUJER DEL PUENTE
 
 
   Por ahí se platica en Cuencamé y en el Pueblo de Santiago, que en una población cercana al lugar arriba mencionado, que había en el Pueblo de Santiago un hombre que le gustaban las parrandas y practicaba esta actividad con mucha frecuencia y que en una ocasión después de haber disfrutado de ir a tomar a Cuencamé, ya de regreso al pueblo, pasó por el puente de Cuencamé cuando ya era de madrugada.
   Este hombre iba caminando muy tranquilo por este lugar cuando de pronto, se topó con una mujer vestido de blanco muy hermosa, con un vestido de gasa y que al caminar parecía que flotaba. La mujer avanzó delante de él y el se fue siguiéndola para darle alcance pero cuando por fin la alcanzó, más o menos a la altura del Santuario de Guadalupe, la mujer le prohibió que la siguiera y lo insultó.
   Como nuestro hombre llevaba unos tragos de más, reaccionó muy enojado sacando una navaja que llevaba encima, la enterró varias veces en el cuerpo de la mujer y huyó. Al momento de empezar a correr, volteó hacia atrás y el cuerpo había desaparecido.
   El sabía que no podía haber imaginado todo esto puesto que la navaja y sus ropas estaban sangradas. Decidió alejarse y siguió corriendo hasta llegar al puente del Pueblo de Santiago a la casa de un compadre suyo para pedirle que lo ocultara; le platicó lo que había sucedido.
   El compadre escuchó atento lo que le decía el asustado hombre, entonces cuando terminó su relato le dijo que no se asustara, que posiblemente todo era producto del alcohol y su imaginación y que le enseñara la navaja para ver la sangre. Cuando el hombre sacó la navaja, estaba llena de tierra al igual que su vestimenta. Los dos se quedaron muy sorprendidos.
   Al día siguiente salieron a investigar si por casualidad había muerto una mujer acuchillada, pero nadie comentaba nada de esto, al paso de los días alguien platicó el suceso y algunas personas no se sorprendieron puesto que dicen no ser el único hombre al que se le ha aparecido la mujer de blanco en el puente y desaparecer en el Santuario de Guadalupe.
   Desde entonces al hombre se le quitaron las ganas de tomar y de andar de madrugada por las calles.
LEYENDA DEL HOMBRE SIN CABEZA
 
 
   En un rancho cercano a Cuencamé, de nombre Tierras Prietas, sucedió lo que a continuación se platica:
   En el rancho propiedad de don Jesús Vaquera Galván, una noche mientras tres nietos de don Jesús dormían, de nombres, Marcial, Armando y Miguel; uno de ellos despertó y despertó también a los otros, para que vieran las estrellas y empezaran a contarlas. Así pasaron buen rato, pero a uno de ellos le dieron ganas de “hacer sus necesidades” y así salieron de la casa, subieron al cerro, eran como las tres de la madrugada cuando de pronto Armando vio en el cerro una luz muy pequeña que duraba un rato y luego desaparecía. Ya venían de regreso y en el mismo lugar donde provenía la luz, los tres jovencitos vieron la figura de un hombre sin cabeza montando un caballo.
   Ellos se asustaron muchísimo y corrieron hasta llegar a la casa. El hombre del caballo los perseguía y avanzaba muy rápido, pero al fin alcanzaron a meterse a la casa. Desde ahí vieron que el hombre llegó a unas tapias viejas que están en ese lugar y ahí desapareció donde hay un pozo, como si hubiese caído. Los muchachos salieron a ver que había pasado con el hombre pero no había nada.
   Desde entonces en ese pozo se escuchan pasos y ruidos extraños. La gente dice que ahí puede haber un tesoro enterrado, pero don Jesús no quiere escarbar porque no quiere tentar a las fuerzas del más allá.
   Todo esto es una historia verídica puesto que todavía en ese lugar se siguen escuchando ruidos extraños.
 
NOCHE DE BRUJAS
 
   Siempre se ha dicho que Cuencamé, Dgo., es famoso por sus tradiciones, pero también por su gente. Hay un rumor que ha circulado desde hace mucho tiempo entre la gente de los alrededores. Se dice que en este municipio hay muchas brujas, y quienes lo afirman han comprobado esto. Tal es el caso que a continuación se narra:
   Se dice que en el año de 1996 cerca de la Escuela Primaria Lázaro Cárdenas, junto a los baños hay unos árboles muy altos, ahí se paraban unos pájaros negros muy raros, con unas patas grandes y uñas enormes, tenían un pico horrendo. Se comenta que a las 12:00 p.m. era la hora en que llegaban a posarse en esos árboles.
   Las personas que vivían cerca de ahí decían que eran brujas, y otras decían que eran pájaros únicamente pero muy extraños. Lo cierto es que cuando se llegaban las doce de la noche la gente se encerraba y no querían salir de sus casa para no verlos. Muchas personas afirman que todavía se aparecen por ahí algunas veces.
 
EL PUERTO DE LAS CARRETAS. (Leyenda).
 
En la última mitad del siglo XVIII, la economía de la Nueva España se basaba en la minería fundamentalmente y de ésta, en la explotación de minas de plata y oro de preferencia. Una mínima parte del metal era acuñada en las casas de moneda para su circulación interna y la mayoría se concentraba en la capital del Virreinato para ser enviado a España. Esto aunado a los rudimentarios medios de transporte de la época, que estaban constituidos por carretas tiradas por mulas o atajos de estas bestias que en su lomo con aparejo transportaban los metales y demás productos; además de la escasa población que hacía de los caminos de herradura, rutas desoladas y penosas, hizo que el bandolerismo floreciera y los asaltos con robos y asesinatos estuvieran a la orden del día. Fueron diversas las técnicas que se implementaron para dar seguridad a caminantes y transportistas, tales como la de custodiar los cargamentos con fuerte contingente de hombres armados, sistema al que denominaron conductas. Otra fue el establecimiento de retenes de soldados en ciertos lugares estratégicos a los que llamaron Presidios y una tercera la de viajar en caravanas o grupos de viajeros que se cuidaban unos con otros, presentando resistencia a los asaltantes.
Los dueños de minas, debían de entregar a la Corona la quinta parte del metal extraído, tributo denominado Quintos Reales y aunque existían casas recaudadoras en las capitales de cada Provincia, la mayoría de los mineros preferían hacerlo en la Nueva España. Para seguridad de la conducción del valioso tributo, los propietarios de minas que existían en una región determinada, se ponían de acuerdo para hacer el envío en las mismas fechas y constituir caravanas fuertemente custodiadas.
En el caso que nos ocupa, la ruta la constituía el Camino Real de Santa Fé, Nuevo México a la capital del Virreinato, también llamado de Tierra adentro, atravesando a la Provincia de la Nueva Vizcaya de norte e sur, camino que pasaba por la depresión montañosa denominada Puerto de las Carretas que se ubica en el actual municipio de Cuencamé entre la cabecera municipal de este nombre y la población de Pasaje.
Cuenta la tradición que en ciertas fechas de esa época, era conducido por ese camino un fuerte cargamento de barras de plata y oro que sumaban más de cien piezas de ese metal, los cuales provenían de entre otros minerales de Parral, Topia, Guanaceví, Promontorio, Magistral, Indé, y otros, cargamento que era transportado en un convoy de cuatro carros tirados por mulas y custodiados fuertemente por dieciséis hombres bien armados y montados. En las inmediaciones entre San Pedro del Gallo y Cuencamé, fueron asaltados por una gavilla de bandoleros, a quienes rechazaron en nutrido enfrentamiento a tiros. Los bandidos reforzaron su contingente y conscientes del rico cargamento que conducían el convoy, no se dieron por vencidos y emprendieron terrible persecución de la Caravana. Por su parte, los conductores advirtieron el seguimiento de que eran objeto y aceleraron la marcha, pensando el llegar a Zacatecas ese día, única población de importancia que les ofrecía protección segura; solamente que la distancia era enorme y resultaba imposible recorrer el trayecto en una jornada. Lo que sucedió fue que en ese propósito de ganar distancia entre perseguidos y perseguidores, las bestias se agotaron al forzar la marcha y cuando llegaron al Puerto de las Carretas ya no podían dar un paso, lo cual obligó a los conductores a tomar un descanso en ese lugar. Sabedores de que los bandoleros les darían alcance y los despojarían de todo el cargamento. Decidieron esconderlo enterrándolo en un lugar determinado. Se asegura que fue precisamente en el lugar donde se forma el Puerto y luego procedieron a borrar todo vestigio.
Como era de esperarse, a la altura de la media noche cayeron los asaltantes y arrasaron con todo buscando desesperadamente el valioso cargamento. Cuando advirtieron que había desaparecido, en venganza asesinaron a todos los conductores, escapando de ser muerto un mozo quién llevó la información de la masacre a Cuencamé, únicamente que éste no supo dónde se encontraba el entierro.
Los soldados virreinales que levantaron el campo, los mismos bandoleros y la población pacífica de la región, se dieron a la tarea agotadora de buscar y encontrar el lugar donde se había enterrado tan crecido tesoro. La búsqueda fue infructuosa y ha seguido siéndolo después de dos siglos de pesquisas, lo cual manifiesta que en el Puerto de las Carretas sigue oculto el enorme tesoro de más de cien barras de oro y plata que constituían los quintos reales de una aportación tributaria, que espera que un hombre de suerte lo descubra.
 
 
 
 
 
LA CUEVA DE LOS GENERALES (Leyenda)
 
Cuencamé aportó a la Revolución Mexicana 21 Generales y todos villistas militantes de la gloriosa División del Norte.
Por su convicción de coterráneos y algunos contemporáneos solían procurarse unos a otros y reunirse con frecuencia en reuniones privadas que unas veces las realizaban en una cantina y otras en determinada casa particular. Por las circunstancias de inseguridad que reinaban en la época, en alguna reunión se ventiló el problema de la necesidad de encontrar un lugar idóneo para esconder sus tesoros, todos productos de sus robos y saqueos que ellos llamaban expropiaciones o préstamos forzosos, que efectuaban en diversos lugares y ocasiones.
Cuando de esto se trató el General Canuto Reyes Castellanos, uno de los más audaces y valientes de los Generales villistas dijo a sus compañeros que el conocía una cueva muy segura que estaba como mandada hacer para esos fines.
Se dice que a partir de entonces, esa cueva, fue el escondite oficial de los Generales Canuto Reyes, Calixto Contreras, Orestes Pereyra, Pedro Favela, Vicente Orozco, Eladio Contreras y otros.
Según la versión de algunos que en ese tiempo supieron de esta cueva, en su lugar al cual no se puede llegar a caballo, debe dejarse la cabalgadura en el remate del Cañón y seguir con dificultad sobre una patilla, donde solamente cabe un hombre y existe reliz hacia arriba y precipicio hacia abajo.
Se dice que en pleno movimiento armado, existió en el pueblo un señor de nombre Don Santiago, dueño de cabras y vacas, amable y bonachón que servía a todo mundo y esto lo hacía ser querido de todos. Algunos le decían Tata Santiago, otros nadamás Don Santiago.
La realidad es que contaba el Tata, que en alguna ocasión cuando el se encontraba pastoreando sus ganados, divisó a tiempo que venían dos de a caballo con una mula cargada estirándola cada uno. El hecho se le hizo raro y se escondió tras unas peñas para no ser visto y pudo mirar que entraron al Cañón de Fernández, y como después de dos horas, los miró salir con las mulas estirando pero éstas ya sin carga. Con mucha curiosidad, cuando estuvo seguro de que se habían alejado, siguió las huellas de las bestias, mismas que lo llevaron hasta el lugar donde estaba el rastro de que las mulas habían sido descargadas. Interesado en el asunto, siguió las huellas de los individuos que lo llevó a la punta de la patilla, donde estaba un árbol de Tepozán que tapaba perfectamente la puerta de la cueva. No entró ese día porque tuvo miedo de ser descubierto o atrapado dentro de la cueva y naturalmente lo habrían asesinado.
Como a los ocho días se trajo a uno de sus hijos de nombre Nicolás al cual por cariño le decían Coleto, lo puso a que lo cuidara en la puerta del Cañón y con mayor confianza llegó a la cueva y penetró a la misma.
Grande fue su sorpresa, al mirar que dentro de ella estaba el oro y la plata amontonados y apilados con barras de plata para que los pesos y monedas no se regaran. Al mirar aquello, no tuvo valor de tomar nada por no ser descubierto y pagar con la vida tan temerario atrevimiento y solamente se fijó muy bien en el lugar, sin decirle a Coleto lo que acababa de descubrir. Llegó a su casa y le platicó a Doña Lala su mujer y quedaron de acuerdo a que al pasar la bola irían los dos a sacar aquel cuantioso tesoro. Cuando los federales quemaron Cuencamé, Tata Chago fue brutalmente golpeado por los carrancistas porque lo querían hacer confesar en donde se ocultaban los Contreras y a consecuencia de esa golpiza murió y le dio las señas de la cueva a Coleto, diciéndole que llevara a Doña Hilaria a sacar algo del tesoro. Si fueron Coleto y Doña Lala, pero nunca encontraron ni la patilla, ni el tepozán y menos la cueva.
Don Aristeo Flores, también llegó a contar que una vez él y su padre, cuando andaban cortando cabezas de lechugilla, por casualidad habían dado con la cueva, que habían sacado las bolsas de sus pantalones y un morral gordero llenos de monedas de oro, pero que en la noche de ese día había muerto Don Anacleto su papá, tal vez por la sorpresa al encontrar el tesoro o tal vez por los gases del mismo, pero la realidad fue que su padre falleció de repente y desde entonces él le agarró tanto miedo al lugar que ya nunca volvió ni quiso platicar nada del asunto. Pero que la cueva si existe en el Cañón de Fernández y está llena de oro y para más señas, ni siquiera está tapada la puerta.
También contaba Don Timoteo Ponce que él había sido asistente del General Calixto Contreras y más de una vez lo escuchó mencionar el escondite de esa cueva y después cuando siendo también asistente del General Canuto Reyes, lo acompañó en la terrible hazaña de transitar a caballo desde la ciudad de Oaxaca hasta Durango, caminando nadamás de noche, porque los seguían muy de cerca los carrancistas y ya cansados después de muchos días de caminata, le dijo Don Canuto que al llegar a Durango él se retiraba de la bola, que en Cuencamé tenía una cueva con mucho oro, el cual no se lo acabaría en toda su vida.
Después de tan atrevida aventura el General Canuto Reyes con su gente llegó al estado de Durango y lo que no sucedió en tan enorme travesía, le sucedió en su tierra, al ser descubierto y derrotado en Rodeo, Dgo. donde después de un sumario Consejo de Guerra fue fusilado.
Sin embargo le dijo su asistente a Don Timo: Busca la cueva de los Generales en Cuencamé y saca el oro que está ahí para que nos mandes decir unas misas a los que ahí guardamos esa riqueza y no logramos disfrutar de ella. Don Timoteo mucho tiempo buscó la cueva y mucho se desorientó porque a él le dijo el General que la cueva estaba en una patilla del Cerro de la India, y otra gente dice que está en el Cañón de Fernández.
Por otra parte, también se dice que cuando Orestes Pereyra se fue para Sonora en un esfuerzo desesperado por avanzar en la lucha en contra de los carrancistas, le dijo a Don Calixto Contreras: “No se rindan ni den un paso para atrás, me voy a Sonora y Sinaloa para limpiar de carranclanes todo ese rincón. A mi regreso con todo el oro que tenemos en la cueva de Cuencamé reforzamos y reorganizamos la División del Norte y nos vamos sobre México”.
Pereyra fue fusilado en el Fuerte el 28 de noviembre de 1915 y Don Calixto Contreras murió en una emboscada en la Hacienda del Chorro el 22 de julio de 1916.
Ya no se volvieron a ver los dos Generales y todo hace suponer que Don Calixto no sacó el tesoro, porque había dicho que era para cuando se acabara la bola.
Don Timo, el asistente del General Canuto Reyes, tampoco lo sacó porque nunca encontró la Cueva de los Generales y parece ser que nadie la ha encontrado, esperando que sea usted, amable lector, el afortunado que tenga la suerte de dar con ella.
 
 
 
            RELATOS
 
Esta es una historia reciente que sucedió el día 19 de mayo de 1999. En Cuencamé, Dgo., hay un grupo musical llamado “Liberados” y como todo mundo lo sabe, algunas veces los integrantes del grupo tiene que salir a tocar fuera del lugar de donde son, a donde se les solicita. Así sucedió aquella noche.
El grupo salió de Cuencamé, Dgo., a tocar a otro lugar, uno de los integrantes, el Sr. Gerardo Lozano tiene una hija de nombre Karla, quién aquella noche dormía tan tranquilamente en la recámara de su casa, como a eso de las cuatro treinta de la mañana sintió que alguien se sentaba en la orilla de su cama, Karla se despertó un poco asustada, pero al voltear hacia donde se encontraba la persona sentada, le pareció ver la figura de su padre, por lo que se sintió tranquila, lo que a Karla le causó extrañeza, fue que el hombre estaba vestido todo de negro y cuando ella se había despedido de su padre estaba vestido de blanco para ir a tocar.
Volteó nuevamente a ver al hombre que tenía un rostro muy parecido al de su padre, pero muy pálido, y quien al verla lanzaba enormes carcajadas burlándose de ella, entonces quiso acercarse a ella y acariciarla, al momento ella se volteó y se cubrió toda hasta el rostro con una colcha y empezó a rezar y a persignarse. Después de un rato se quitó la colcha para ver que había sucedido con el hombre pero éste había desaparecido, ella salió de la recámara y corrió hacia la habitación de su madre para preguntarle si su padre el Sr. Gerardo había regresado, pero él todavía no volvía. Madre e hija buscaron al hombre por toda la casa, pero nunca lo encontraron. Después del 25 de junio del mismo año, volvió a suceder lo mismo, pero ahora solo se ve su sombra por la casa y nadie se explica de donde sale, pues no hay nadie que la refleje siempre que se le ve.
 
EL TUNEL DEL SANTUARIO
 
En Cuencamé, Dgo., se encuentra ubicado el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, precisamente este Santuario está enfrente de la Plazuela del Ejido Gral. Severino Ceniceros de este lugar. Muchas son las historias que se cuentan acerca de esta Iglesia tan antigua, pero la mayoría coincide en que abajo del altar mayor empieza un túnel que se construyó en tiempos de la Revolución para esconderse o para atravesar de un lugar a otro sin ser vistos.
 
El túnel inicia ahí, bajo el altar y se dice que termina en el Panteón San Francisco; se cuenta que en dicho túnel hay escondido un gran tesoro que consiste en barras de oro y de plata. El túnel se encuentra cerrado ya sea por respeto o por miedo, nadie se atreve a abrirlo, porque se dice que en la entrada de dicho túnel hay un letrero que dice: “Todo o nada”, así que quine se arriesgue a entrar no debería de arrepentirse porque moriría.
 Se cuenta que en una ocasión hubo un sacerdote de apellido Delgadillo que intentó abrir el túnel y sacar dicho tesoro, pero no lo logró y a los pocos días falleció por efecto de los gases que existen en el ya mencionado túnel.
Desde entonces nadie se ha atrevido a profanar el tan sagrado recinto, la mayoría de los habitantes de este lugar tienen conocimiento de la existencia de este túnel y su tesoro, incluso se dice que pasa por debajo de algunas casas de las calles cercanas al lugar, pero como ya se ha mencionado antes, nadie ha tratado de entrar desde que el padre Delgadillo lo hizo.
 
EL MUERTO DEL ZAPOTE
 
Allá por los años de 1914 en un ranchito llamado La Joya, cercano al Ojo Seco, del Municipio de Cuencamé, vivía el joven Sixto Lares originario de ese poblado, hijo del Sr. Pilar Lares y la Sra. Simona González.
La juventud de Sixto transcurría entre los quehaceres cotidianos y los sucesos de la Revolución Mexicana de la cual él era un valiente soldado.
 
Un buen día nuestro personaje recibió en su vivienda, mientras se encontraba con sus padres, la visita del Sr. Eleuterio Barrientos, vecino que llegó para invitar a Sixto al pueblo de Cuencamé. Sixto aceptó de toda voluntad la invitación, pero sus padres la rechazaron por las recientes incursiones de federales.
Contra las súplicas de su madre, Sixto desobedeció y decidió acompañar a “Barrientos” a Cuencamé.
Salieron a caballo, pero llegando al Cerro del Pueblo de Santiago, Sixto decidió ahí cambiar de compañía y siguió con rumbo al centro de Cuencamé.
En esos momentos, se dieron cuenta que quienes resguardaban el pueblo de Cuencamé, hacía pocos instantes se habían trasladado a la Estación de Pasaje y que los villistas trataban de sorprenderlos con algunos disparos, también se percató que los federales se devolvían con rapidez a caballo y los villistas emprenden la huida y escapándose por el Arroyo de Cuencamé, tocándole la mala suerte a sixto de ser perseguido por los federales, viéndose obligado a subir a pie la Mesa de Ocuila, siendo perseguido por sus compañeros entre ellos un Coronel de apellido Pineda y su escolta, por fin alcanzaron a Sixto y le ordenaron que se rindiera, orden que no aceptó sacando su cuarenta y cinco y haciendo blanco en la frente de Pineda; simultáneamente acribillaron a Sixto Lares, lo lazaron y lo bajaron a rastra a cabeza de silla hasta Cuencamé, colgando su cadáver en el zapote que actualmente se encuentra en la esquina de la Plaza, frente al Curato, quedando el cuerpo de Lares irreconocible, se le identificó por su vestidura, en especial por su pantalón de gamuza.
ESTELA
 
 
A una vecina de la ciudad de Cuencamé, Dgo., de nombre Estela le sucedió la siguiente historia.
Después de un día largo y agitado en el que la familia de Estela había recibido visitas, las cuales se habían retirado muy tarde; cansados todos los miembros de la familia se retiraron a dormir puesto que ya era de noche. Estela se quedó a recoger la cocina que estaba muy sucia, después de tan agitado día, Estela estaba cansada y tenía mucho sueño. Cuando terminó ya eran casi las dos de la mañana, pero antes de acostarse se dirigió al baño, más cual sería su sorpresa, que en el tanque de gas se encontraba un enorme pájaro negro.
Estela quedó pasmada del susto, mientras el extraño animal le miraba fijamente, con unos enormes ojos enrojecidos y horripilantes, tenía unas garras grandes, muy grandes, era verdaderamente un pájaro espantoso, y Estela seguía ahí, inmóvil y asustada, pensando que ese animal o era cosa del demonio o era una bruja convertida en ese espantoso animal.
 
Algo sucedió de repente que ayudó a Estela a comprobar que se trataba de una repugnante bruja. Estela no acató a pensar qué hacer y reaccionó de una manera inadecuada, profiriéndole toda clase de insultos y palabras altisonantes a lo que el animal contestaba con carcajadas burlonas.
Después se fue volando hasta desaparecer en la obscura noche y Estela se retiró a dormir a su cuarto.
 
Ha pasado el tiempo y Estela no ha podido olvidar aquel suceso. Cuando lo platica a la gente, hay personas que le dicen que fueron alucinaciones por lo cansada que estaba ese día, pero ella sabe bien que todo eso fue real.
LA CASA DEL GENERAL.
 
Calle Constitución No. 1: esta es la dirección de la casa que perteneció al General Hilario Rodríguez, aguerrido militar durante la época revolucionaria, también esta casa era conocida como: “la casa de los lavaderos”, porque durante una administración de gobierno se construyeron a un lado los lavaderos públicos. Actualmente este domicilio tiene la nomenclatura de Constitución No. 115. Actualmente esta casa es propiedad de la familia Artea y ahí vivió la Profra. Ma. Inés Arguijo Favela. Esta vivienda es muy amplia, con muchas habitaciones y una sala grande; casa de estilo antiguo pero muy bonita.
 
Se dice que se ha visto en varias ocasiones al Gral. Hilario Rodríguez, quien como por todos es sabido, ya falleció. En varias ocasiones la abuelita de la Maestra Inés vio en el jardín de la casa la silueta del General, ella asegura que la silueta que veía correspondía a la de un hombre alto y delgado, que en el pecho le brillaba algo y alcanzaba a distinguir que el color de su camisa era azul.
La primera vez que ocurrió esta aparición, la familia no le creyó a la abuelita, pero cuando posteriormente fueron varios los miembros de la familia los que lo vieron ya se les hizo un suceso raro.
La señora decía que se trataba de un soldado porque algo le brillaba en el pecho, deducía que ese brillo era de las carrilleras que portaba el General.
Pasó el tiempo y la casa fue habitada por la Señora Constanza Artea, tia de la Maestra Inés. La señora Constanza también en repetidas ocasiones logró ver la figura del General, hecho que causó extrañeza en la Maestra Inés, puesto que la tía de la maestra aseguraba que veía al hombre en el umbral de la sala, vistiendo camisa azul a rayas y con algo de brillante en el frente de su cuerpo.
La Maestra Inés y el Profr. Hernández para comprobar dicho suceso, visitaron a la Señora Constanza, pues ya eran muchas veces que la señora platicaba sobre esa aparición y le mostraron las fotografías de todos los Generales de Cuencamé, para verificar si coincidía con la figura del Gral. Hilario Rodríguez a quien la Señora ni siquiera conocía en foto; le mostraron las fotografías y le preguntaron si alguno de ellos se parecía al soldado que se aparecía en su casa. La señora, una a una vio las fotos y cuando vio la del General Hilario dijo que ese era el hombre que se aparecía en su casa, pero que traía camisa azul. Las señas coincidían con las del General.
 
Los maestros quedaron sorprendidos ante este hecho puesto que la señora no conocía al General ni siquiera en fotografía, y ahí había identificado al fantasma.
La gente que ha habitado la casa en los últimos años dice que algunas veces todavía se ve el fantasma del General.
 
LA DANZA DEL PUEBLO DE SANTIAGO
 
Es tradición que año con año el día veinticinco del mes de julio se lleven a cabo en el Pueblo de Santiago, las fiestas patronales de ese lugar. En esa localidad el santo al que se venera en la Capilla es el Patrón Santiago Apóstol, para realizar estos festejos, la danza del pueblo baila durante tres días.
 
Desde hace muchos años la gente del lugar tiene su propia danza de pluma la cual está integrada únicamente por hombres que año con año tienen la devoción de bailar para honrar al santo del lugar.
Los danzantes se visten con penachos de coloridas flores, usan huaraches, medias y el atuendo tradicional de la danza de pluma.
Los festejos empiezan desde el día 23 de julio en que bajan del altar al santo patrono y lo llevan a visitar a la Iglesia de San Antonio de Padua y el Santuario de Guadalupe, en Cuencamé, Dgo. estas mismas actividades se realizan también durante los dos días siguientes.
Pero lo más raro de esto es que frente a la Capilla del pueblo hay un pozo, en donde año con año los danzantes entierran las máscaras de los viejos de la danza, que son muchos, y al año siguiente las vuelven a desenterrar y si falta alguna, se dice que es porque en el transcurso del año algún integrante de la danza morirá.
La gente de ese lugar dice que ya ha sucedido en varias ocasiones en que ha faltado alguna máscara y efectivamente alguien muere.
En la actualidad se sigue practicando esta tradición.
La danza es muy grande y bonita, el gran número de viejos de la danza que la componen hace la delicia de chicos y grandes.
Durante los festejos del Pueblo de Santiago, se puede disfrutar de una gran variedad de platillos mexicanos, como tamales, atole, buñuelos, enchiladas, etc. También se puede disfrutar de juegos en los que los niños se divierten en grande, pero sin duda alguna la principal atracción, es su preciosa danza sostenida por la fe de los habitantes del lugar.
 
 
 
LA QUEMA DE OCUILA Y CUENCAME (Relato)
 
 
Siempre me gustó escuchar los relatos y algunas leyendas que mi abuelo Esiquio me contaba, sobre todo de la época de la Revolución que le tocó vivir en parte, conservo muy claras en mi memoria aquellos pasajes y hechos que se me quedaron muy bien grabados por la forma como me los contaba mi abuelo; su voz pausada y lenta iba describiendo con toda claridad aquellos sucesos que le tocó vivir, en mi mente infantil se iban formando las imágenes como algo fantasioso, como aquel acontecimiento que me contaba que sucedió cuando él era apenas un niño, y que fue cuando los hacendados les quisieron arrebatar al principio y después ese pedazo de tierra que para ellos representaba todo y al que querían como si fuera la madre que les dio la vida, me refiero a San Pedro de Ocuila; con mucha emoción me describía la lucha que tuvieron que librar contra los hacendados protegidos del gobierno porfirista a tal grado que tuvieron que asesinar a los principales líderes que encabezaban a los de Ocuila que reclamaban las tierras a los voraces hacendados, me describía con mucho respeto y admiración a un hombre chaparrito, valiente y audaz que encabezó a todos estos campesinos y se convirtió en su líder, y que llegó a ser uno de los Generales más valientes y abnegados de la poderosa División del Norte durante la Revolución Mexicana, ese hombre era el General Calixto Contreras Espinoza, que también se ganó mi admiración y respeto contagiada por mi abuelo.
 
Pero el relato que más me conmovía y que más se me quedó grabado. Es cuando me platicaba sobre aquel acto injusto que quedó muy bien grabado en la memoria de todos aquellos que lo sufrieron, y que fue la Quema y desalojo de Ocuila y Cuencamé, cuando sucedió esto, el apenas era un adolescente, y me decía que en vísperas del día doce de diciembre. Un día antes: “Mi hermano Julio y yo nos encontrábamos por las Mesillas de Ocuila juntando leña por encargo de nuestra madre Chonita que se encontraba cociendo pan de trigo y gordas de cocedor, puesto que era una tradición para celebrar la festividad de la Virgen de Guadalupe; en eso estábamos cuando empezamos a oír gritos, unos insultos y otros lamentos que provenían del caserío del pequeño poblado de Ocuila, de inmediato corrimos para ver que sucedía y al devisar el poblado nos dimos cuenta que estaba rodeado de puros “pelones” (así les llamaban a los soldados carrancistas) entre gritos e insultos preguntaban por los revolucionarios, o sea la gente del General Contreras, la gente les contestaba que en esos momentos no se encontraba ahí ninguno, otros más alebrestados les contestaban que si estuvieran ahí ni siquiera se habían acercado, que ellos nunca se andaban escondiendo.
Vimos salir de nuestra casa a una de nuestras hermanas y discutir con los “pelones”, reclamarles la forma tan cobarde con que estaban procediendo con la gente inocente, el que iba al mando de la tropa bajó del caballo y la abofeteó delante de todos, yo noté el coraje de mi hermano Julio que quiso salir del escondite para reclamarle también al militar, lo detuve y le dije que era mejor permanecer en ese lugar. El que comandaba a los soldados nuevamente empezó a dar órdenes a todos para que se dispersaran por el poblado; llegaban a las casas, sin tomar en cuenta que solo había mujeres, niños y ancianos a los que sacaban a empujones de sus casas y a todos los juntaron a un lado de la pequeña capilla, vimos como algunos prefirieron huir y refugiarse en los cerros, algunos viejos se atrevían a reclamarle a los “pelones”, pero luego eran callados a punta de sablazos o derribándolos con los caballos.
 Las imágenes se nos iban presentando con toda su crueldad y se acrecentó más el odio que sentíamos por los pelones, mi hermano comentó; “como quisiera tener una carabina o un máuser para tumbar dos o tres pelones, aunque después me cargue la fregada”.
Después de que los pelones sacaron a toda la gente de sus casas, las incendiaban, les metían manojos de rastrojo dentro para que ardieran más fácilmente, la gente lloraba y suplicaba pero nunca encontraron eco sus palabras, comenzó el retiro de la gente, algunos buscaron refugio en las cuevas de los cerros cercanos, otros se dirigieron a Cuencame, otros a la Cuchilla y algunos más a la Estación de Pasaje, oímos decir a los “pelones” gritándole a la gente que esa era como una venganza y castigo para desquitarse de los revolucionarios del General Contreras y los demás Generales de esta región, y esto mismo, para mañana, le ocurriría al pueblo de Cuencamé por órdenes de un tal General Murguía, que eran órdenes superiores.
Cuando notamos que los pelones se habían retirado, salimos de nuestro escondite y lo que se presentaba ante nuestros ojos era triste y desgarrador, todas las casas del pueblo de Ocuila estaban ardiendo, casi toda la gente ya se había retirado, con nuestra madre Chonita y nuestras hermanas nos dirigimos a “tierras prietas” a buscar donde refugiarnos, en el camino nos topamos a nuestros parientes los Saldaña que se dirigían a la Estación de Pasaje, nos dijeron que era mejor dirigirnos a otro pueblo o tratar de avisarle al General Contreras que Ocuila había sido quemado y desalojado, cuando tomamos el rumbo de la Cuesta de Pasaje, tuvimos que detenernos porque vimos más soldados carrancistas que venían bajando con rumbo hacia Cuencamé también para quemarlo y desalojarlo, nos detuvimos en un cañoncito que llaman la Cañada de Nana Juana, ahí hicimos Paraje, y horas después el mismo cuadro, los soldados llegaban a las casas y les avisaban a la gente que por órdenes superiores deberían desalojar el Pueblo porque sería incendiado, también la gente protestaba y también recibían la misma respuesta de los federales, golpes, insultos, asesinatos a mansalva, todo el día la tropa anduvo recorriendo el pueblo saqueando las casas, por la tarde empezaron a arder las casas, ya para entonces se empezó a formar una columna de gentes afligidas, mujeres, niños y ancianos que con sus pocas pertenencias se dirigían a la Estación de Pasaje, nos unimos a la columna y platicamos como estuvo la Quema de Ocuila, nos unía la misma desgracia y como uno solo nos hermanamos, compartimos la comida y las pocas cobijas que logramos salvar, para cubrir el frío intenso a los niños y a los más viejos, al final de la columna se devisaba la tropa carrancista que también se dirigía a la Estación de Pasaje, nos arriaban como animales, cuando llegamos a la Estación ya había alguna gente de Ocuila y algunos soldados resguardando la Estación, nos dijeron que ahí esperaríamos un tren que nos llevaría a la Ciudad de Durango, cuando llegó el tren carguero todos lo abordamos y nos acomodamos en los carros, los soldados se quedaron a esperar a otro tren que los llevaría también a la ciudad de Durango, llegamos por la noche a nuestro destino y fuimos recibidos por un sacerdote y unas monjitas que con palabras de consuelo trataban de que nos resignáramos, nos metieron a todos a un corralón, encendimos fogatas para calentarnos y calentar las “gordas”, algunas gentes compadecidas de la ciudad nos llevaron alimentos y cobijas, había tristeza y coraje en los rostros de todos, nos preguntábamos donde está el General Contreras y su gente, el ronco Bibiano Hernández o Layo Rodríguez, para que fueran a cobrarles cuentas a los mentados pelones, algunos se fueron quedando dormidos, cansados; el frío era intenso, otros nos quedamos platicando alrededor de las fogatas comentando lo sucedido y todos nos preguntábamos, ¿por qué se desquitan con nosotros?, nadamás porque todos los Generales de Cuencamé son partidarios de Villa, como decían los pelones, ellos solo obedecían órdenes superiores, ¿quién o quienes dieron estas órdenes tan injustas?.
 Otros más resignados decían, ni modo así es la guerra. A los pocos días de estar ahí, una mañana despertamos con la noticia de que el General Contreras había cobrado venganza contra los soldados carrancistas y los había derrotado y eliminado a todos en la Estación de Pasaje, un señor de edad avanzada que estaba a nuestro lado comentó; esos pelones jijos de un tal por cual, los que quemaron Ocuila y Cuencamé, ya recibieron su merecido, llegó mi General Contreras hasta donde estaban en la Estación de Pasaje y acabó con toda la tropa carrancista, al rato todo era alegría, gritos y vivas a mi General Contreras, nativo del meritito Ocuila.”...
Estos hechos quedaron muy bien grabados en la memoria de mi abuelo y de todos los que vivieron esto, y pasaran muchos años para que se borre de sus memorias, cuando mi abuelo terminaba este relato, se quedaba callado, yo respetaba su silencio porque el recuerdo de estos sucesos empañaban sus ojos de lágrimas , pero era un hombre muy curtido y de inmediato se sobreponía a sus recuerdos y me decía: “Ojalá que el sacrificio de tanta gente de estos pueblos que murió en la Revolución no sea en balde.”
 
 
BIBLIOGRAFÍA
 
 
Martínez García, Roberto. “Santa Anna de los Hornos, y la Flor de Jimulco”. Ediciones
                                            Cardenche. Pp. 233.
 
Morones Simón. Et. Al. “Historia del Señor de Mapimí”. Proyecto autorizado del PACMYC.
 
Vallebueno Garcinava, Miguel. “Descripción topográfica de la Villa Real de Santiago de Mapimí. En: Revista “Transición” No. 11. Julio de 1992. I.I.H . UJED.
 
 
 
EL ARMON DE LA VIA
Laura Ivonne Medina Bonilla
 
EL CABALLO BLANCO Y SU JINETE
Luis Antonio Márquez Valadéz
 
EL CRISTO QUE LLORA
Guadalupe Aguilar Sifuentes
 
EL HOMBRE DE LA CARRETA
Guadalupe Aguilar Sifuentes
 
EL HOMBRE QUE SE CONVIERTE EN PAJARO
Omar Cosme Medellín Aguilar
 
EL MONTON DE PIEDRAS
Guadalupe Aguilar Sifuentes
 
EL SEÑOR DE MAPIMI
(Fragmentos de distintas versiones)
 
LA APARICION
Ana Elsa Moreno Núñez
 
LA CRUZ DE LA LOMA
Miguel Flores
 
LA JOVEN QUE SE LA TRAGÓ LA TIERRA
Selene Vianney Machado Favela
Laura Kareny Lara Landeros
Susana Gómez Espinoza.
 
LA MARRANA DE LA CALLE PIPILA
Yeny del Socorro Irungaray Martínez
 
LA MONITA DE BLANCO
Mónica Lizbeth Sáenz
 
 
LA MUJER DE BLANCO Y SU HIJO
Guadalupe Aguilar Sifuentes.
 
LA MUJER DE LA CAZUELA DE ORO
Guadalupe Aguilar Sifuentes
 
LAS MONJAS QUE QUEDARON ENTERRADAS
Martín Gerardo Castellanos González
 
LA MUJER DEL PUENTE
Guadalupe Aguilar Sifuentes
 
LA LEYENDA DEL HOMBRE SIN CABEZA
Laura Rocío Vaquera Lares.
 
NOCHE DE BRUJAS
Guadalupe Aguilar Sifuentes.
 
EL PUERTO DE LAS CARRETAS
Profr. Manuel Lozoya Cigarroa.
 
LA CUEVA DE LOS GENERALES
Profr. Manuel Lozoya Cigarroa.
 
 
RELATOS
 
EL HOMBRE DE NEGRO
Karla Lozano
EL TUNEL DEL SANTUARIO
Yolanda Toledo Benavente
EL MUERTO DEL ZAPOTE
Sr. Luis Barrientos
ESTELA
Lizbeth Cuevas Rodríguez
LA CASA DEL GENERAL
Ma. Inés Arguijo Favela
LA DANZA DEL PUEBLO DE SANTIAGO
Guadalupe Aguilar Sifuentes.
LA QUEMA DE OCUILA Y CUENCAME.
Tania Alicia Hernández Navarrete.
 
BIBLIOGRAFÍA
 
AGRADECIMIENTOS POR LA RECOPILACION
DE TODA ESTA VALIOSA INFORMACION PARA:
 
 
PROFR. ANACLETO HERNÁNDEZ HERNÁNDEZ
CRONISTA OFICIAL DE CUENCAME, DGO.


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